Las recomendaciones prácticas que podrían ser consideradas como una guía para el desarrollo de la gestión económica y financiera en el ámbito cultural son:
- Definir los objetivos de la organización, no sólo aquellos de carácter económico.
- Conocer la elasticidad de la demanda del bien o servicio cultural que se ofrece.
- Analizar los mecanismos de financiación de la actividad propuesta, explorando mecanismos alternativos.
- Estimar los gastos de la actividad, distinguiendo entre: Costes fijos, Costes variables, Costes semi-fijos
- Calcular el Punto de Equilibrio
- Definir los presupuestos de la actividad.
- Establecer un mecanismo riguroso para valorar la eficiencia de la gestión.
- Analizar el impacto económico que genera la actividad, como medida de su contribución social.
Es importante que en la definición de los objetivos se contemplen aquellas metas que no tienen un carácter monetario. La articulación de los objetivos ha de ser, necesariamente, el punto de partida del modelo de gestión económica y financiera a aplicar.
Los objetivos que articula la gestión cultural no pueden expresarse siempre en términos pecuniarios estando vinculada con objetivos de satisfacción de necesidades no económicas, o de realización personal. Esta cuestión explica algunas medidas que no siguen un criterio estrictamente económico como por ejemplo la tradicional disputa entre los gestores de museos, en relación con su competencia por exhibir determinadas obras de arte: los grandes museos tienen reservas enormes, en las que conservan objetos que son raramente expuestos, y que incluso pueden ser de mayor calidad que los exhibidos en museos más pequeños. Los gestores de estas instituciones estarían encantados de disponer de algunos de los rechazos, pero es necesario considerar que el objetivo de los museos no es únicamente económico, derivado de la obtención de los mayores ingresos por venta de entradas posible, sino también la conservación y el estudio del Patrimonio artístico.
- Estimación de los ingresos
En términos generales, podemos decir que son tres las posibles fuentes de recursos económicos:
- Ingresos directos derivados de la demanda del público, o los compradores de arte.
- Los ingresos por esponsorizaciones, o derivados de las donaciones privadas.
- La financiación pública, mediante ayudas específicas, o por la convocatoria de programas oficiales.
La primera es la más incierta. Anticipar la posible demanda de la actividad desarrollada es especialmente importante, ya que permite configurar los presupuestos de forma más realista. Mientras que las donaciones privadas o esponsorizaciones, así como las ayudas públicas, pueden conocerse a priori. Los ingresos derivados de la demanda no son conocidos hasta el momento en el que se oferta la actividad. Por tanto, el riesgo que comportan para los organizadores es mucho mayor. Saber anticiparlo, y gestionarlo adecuadamente es una de las cuestiones básicas de la gestión de las iniciativas culturales.
La disposición al pago puede comprenderse a partir del concepto de elasticidad del precio, que permite explicar qué ocurre cuando los precios se incrementan o se reducen. Así, si las entradas para un determinado espectáculo se abaratan en un 10% y, como consecuencia de ello, se consigue acoger a un 10% más de público, diremos que la elasticidad del precio es, en este caso, igual a 1. Si se vende menos de un 10% adicional, la demanda se denomina inelástica. Por el contrario, si con la reducción del precio se consigue atraer a una proporción mayor de público, estaríamos en una situación de demanda elástica.
La experiencia previa en la organización de eventos y actividades culturales en un ámbito determinado y en una zona geográfica concreta, proporciona los datos de partida necesarios para estudiar, y determinar la elasticidad de la demanda. Disponiendo de datos históricos de precio y demanda en la actividad a evaluar, el cálculo de la elasticidad es sencillo, y podría plantearse a través de la siguiente fórmula:
(Et) = Variación en la cantidad demandadat / Variación en los ingresost
- Mecanismos alternativos de financiación
En la mayor parte de los casos, la autofinanciación, las becas y los programas públicos suelen ser los mecanismos más utilizados. En muchos casos no resultan suficientes y, dadas las restricciones en el acceso al crédito bancario, resulta necesario acudir a fuentes alternativas, entre las que podemos destacar las siguientes:
- La autoproducción: es la forma más sencilla de financiación, ya que implica abordar los proyectos con fondos propios. Es de destacar, en este sentido, la creciente proporción de profesionales de la cultura y el arte que apuestan por producciones propias.
- Crowdfunding: implica mecanismos de financiación colectiva, a través de plataformas diseñadas con esta finalidad. Además de asegurar financiación, el crowdfunding permite medir el grado de impacto de las iniciativas planteadas. Las plataformas funcionan estableciendo una cantidad objetivo, de la que se parte, y un plazo para conseguir esta financiación a través de las aportaciones del público interesado. La actividad, se desarrollará en el caso de que se alcance el nivel fijado de financiación.
- Financiación mediante alianzas. Supone un esfuerzo de participación colectiva, en el que los objetivos de varios agentes culturales se apoyan unos en otros.
- El uso de las Redes. Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación han ofrecido un amplio abanico de posibilidades para el desarrollo de redes culturales. Estos facilitan acceso a recursos, de información, conocimiento, contacto, pero también de financiación de proyectos. Las redes sociales expanden el ámbito de la comunidad cultural, y han modificado el patrón de consumo de bienes y servicios culturales.
- Estimación de los gastos
Se ha de partir de la consideración de que no todos los costes tienen la misma naturaleza, ni las mismas implicaciones para la gestión de la actividad, pudiendo clasificarlos:
- Según el área con la que se vincula el coste:
- Costes de Producción: se generan como consecuencia del desarrollo de la actividad cultural en sí misma (materiales, mano de obra, montajes, contrato de servicios).
- Costes de Distribución: se generan por llevar el bien o servicio hasta el consumidor final.
- Costes de Administración: derivados de la propia gestión de la actividad cultural.
- Costes financieros: se generan por el propio acceso al capital necesario para la organización de la actividad cultural (intereses, comisiones, etc.)
- Según su identificación:
- Costes directos: pueden identificarse fácilmente con el bien o servicio.
- Costes indirectos: en los que se incurre, pero que no se pueden vincular directamente con ninguna oferta específica, sino que han de repartirse mediante alguna base de distribución.
- Según el momento del tiempo en que se producen:
- Costes históricos, generados en un momento de tiempo anterior a la celebración de la actividad.
- Costes predeterminados: se estiman a priori, y se utilizan para elaborar presupuestos.
- En función del control que se tenga sobre los mismos:
- Costes Controlables: sobre los cuales el gestor cultural tiene capacidad de decisión.
- Costes no Controlables: sobre los que no se tiene autoridad para su control, y que han de pagarse con independencia de los resultados de la actividad
- De acuerdo con su comportamiento económico:
- Costes Fijos: permanecen constantes durante un periodo de tiempo determinado, y no varían en función del volumen de la actividad desarrollada.
- Costes Variables: se modifican en función del volumen de la actividad desarrollada. No se incurrirá en ellos si la actividad no se desarrolla, y si esta se intensifica, tendrán un montante más elevado.
- Costes Semi-variables: tienen una parte fija y otra de carácter variable, que se modifica de acuerdo con el volumen de la actividad. A su vez, pueden diferenciarse dos tipos de costes semi-variables: Mixtos (tienen un componente fijo básico, a partir del cual comienzan a incrementarse) o Escalonados (permanecen constantes hasta cierto punto, y crecen en niveles determinados de actividad).