El Patrimonio es rentable y no solo por la riqueza indirecta que genera, sino en sí mismo. No evidentemente desde una perspectiva capitalista de enriquecimiento económico, pero sí desde la óptica de la sostenibilidad y la viabilidad. El cada vez mayor interés internacional por reclamar a los distintos países la protección y valoración de su Patrimonio otorga a la cooperación internacional una importancia capital para la consecución, en última instancia, de medios para su gestión, de los que en muchos casos no se está haciendo uso por el simple hecho del desconocimiento de su existencia.
A nivel europeo, las Convenciones son documentos permisivos, ya que la mayoría de sus artículos están redactados en términos no preceptivos y los gobiernos pueden aplicarlos con flexibilidad. Sin embargo, la confección de inventarios es una de las obligaciones específicas enunciadas en la Convención y en las Directrices Operativas para su aplicación.
Los inventarios forman parte integrante de la salvaguardia del Patrimonio natural y cultural porque pueden sensibilizar al público respecto de dicho Patrimonio y de su importancia para las identidades individuales y colectivas. Además, el proceso de inventariar el Patrimonio y poner los inventarios a disposición del público puede promover la creatividad y la autoestima de las comunidades y los individuos en los que se originan las expresiones y los usos de ese Patrimonio además de servir de base para formular planes concretos de salvaguardia del Patrimonio inventariado.